Durante mucho tiempo pensé que el problema era mi hijo.
Creía que necesitaba encontrar la manera de cambiar sus reacciones. Poco a poco, empecé a comprender que también necesitaba entender lo que me pasaba a mí.
Cuando comencé a reconocer mis emociones y mis patrones, pude mirar nuestra relación de otra manera.
“Hoy me siento más tranquila y conectada con mis hijos.”
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